Paseaba el día uno de enero del setenta y cuatro por la calle de Gran Vía, para conocer la zona mas que nada, cuando vi que un restaurante destacaba entre el resto. En el cartel ponía "Figaro's", parecía un restaurante italiano. Me asomé entre los carteles del menú, era precioso, tanta luz, tanta comida, tenia unas ganas increíbles de pasar a verlo por dentro, por aquel entonces yo no tenia mas que diez años, y le dije a mi madre -Mama, ¿Un día podemos cenar aquí?- a lo que ella me respondió -No, porque... ahí solo va la gente importante- entonces saque mis armas de niño pequeño y la pregunte -¿Y papa no es importante?- -¡Ja, ja, ja! Pero no tanto como esos señores, papa tiene una tienda y esos hombres tienen "tiendas" muy grandes- -¡Haaaa! y ¿donde vamos a cenar?- -A el restaurante de tío Mario- me quedé con las ganas de ver como era así que pensé <<Un día cenaré ahí>>. Cada día que iba al colegio pasaba por delante del restaurante, y todos, absolutamente todos los días me paraba a mirar el interior. No falté a mi cita diaria hasta el día en el que cumplí los catorce años. Jamas olvidaré ese día. Iba paseando con mis amigos una tarde por Gran Vía cuando nos paramos delate de Figaro's, fué cuando fuí a mirar entre los carteles del menú como hacia siempre cuando me dí cuenta de que en vez de eso había un cartel de "Se Vende". Toda mi vida queriendo ver como era por dentro y resulta que lo cierran. En ese momento me sentí vacío, sin ganas de seguir en la calle. Así que nos fuimos a casa a ver la tele. De camino de vuelta nos encontramos un grupo de chicas, por entonces yo me dejaba llebar por la moda de bequeros, camiseta blanca y chaqueta de imitacion a cuero, ellas ivan vetsidas con un vestido corto, de dibujos de flores amarillas sobre un fondo blanco y un lazo a juego en el pelo. Mis amigos se apartaron a un lado para dejarlas pasar, yo reaccione dos segundos mas tarde y una de ellas se tropezó, lo hice sin querer, pero ella se puso colo una loca, que si voy a matar a alguien algun dia, que que poca verguenza que tengo, que si soy un imbecil, yo hice caso omiso a lo que me decia, solo podia fijarme en esos preciosos ojos verdes, en su coleta perfectamente hecha, su aroma embriagador, acabó dandome un tortazo que me dió la vuelta a la cabeza. Me setí raro, como si no me importara que me diera ese tortazo que me dejo la mano marcada dos dias. Entonces fueron mis amigos lo que me sacaron del sock -¡Tio! ¿estas bien? Menuda hostia te ha dado- yo le respondí -Si, estoy bien- -Tio, te la has comido enterita, pense que te iva a denunciar por acoso ¡Ja, ja, ja!- volvimos a casa hablando del extraño suceso. Una vez nos hubimos despedido y cada uno se habia ido me quedé en mi habitación pensando <<¿Como se llamara?¿Donde vive?¿Donde estudia?>> no me la conseguia quitar de la cabeza, queria saber quien era, y no sabia como.
lunes, 3 de enero de 2011
CRUCE DE CAMINOS - CAPITULO 1
Nos encontramos en el año setenta y cuatro, en año nuevo para ser mas concretos. Por aquel entonces vivía en la calle de Gran Vía, una zona bastante lujosa. Iban a ser nuestras primeras navidades allí, nos habíamos mudado hace no mucho. El barrio en el que vivíamos antes estaba lleno de drogadictos y camellos, así que mi padre decidió que vendría bien vivir cerca de la tienda que teníamos. Lo que no savia es lo que me iba a pasar desde aquel entonces. Me llamo Gabriel Fernandez, y esta es mi historia.
Paseaba el día uno de enero del setenta y cuatro por la calle de Gran Vía, para conocer la zona mas que nada, cuando vi que un restaurante destacaba entre el resto. En el cartel ponía "Figaro's", parecía un restaurante italiano. Me asomé entre los carteles del menú, era precioso, tanta luz, tanta comida, tenia unas ganas increíbles de pasar a verlo por dentro, por aquel entonces yo no tenia mas que diez años, y le dije a mi madre -Mama, ¿Un día podemos cenar aquí?- a lo que ella me respondió -No, porque... ahí solo va la gente importante- entonces saque mis armas de niño pequeño y la pregunte -¿Y papa no es importante?- -¡Ja, ja, ja! Pero no tanto como esos señores, papa tiene una tienda y esos hombres tienen "tiendas" muy grandes- -¡Haaaa! y ¿donde vamos a cenar?- -A el restaurante de tío Mario- me quedé con las ganas de ver como era así que pensé <<Un día cenaré ahí>>. Cada día que iba al colegio pasaba por delante del restaurante, y todos, absolutamente todos los días me paraba a mirar el interior. No falté a mi cita diaria hasta el día en el que cumplí los catorce años. Jamas olvidaré ese día. Iba paseando con mis amigos una tarde por Gran Vía cuando nos paramos delate de Figaro's, fué cuando fuí a mirar entre los carteles del menú como hacia siempre cuando me dí cuenta de que en vez de eso había un cartel de "Se Vende". Toda mi vida queriendo ver como era por dentro y resulta que lo cierran. En ese momento me sentí vacío, sin ganas de seguir en la calle. Así que nos fuimos a casa a ver la tele. De camino de vuelta nos encontramos un grupo de chicas, por entonces yo me dejaba llebar por la moda de bequeros, camiseta blanca y chaqueta de imitacion a cuero, ellas ivan vetsidas con un vestido corto, de dibujos de flores amarillas sobre un fondo blanco y un lazo a juego en el pelo. Mis amigos se apartaron a un lado para dejarlas pasar, yo reaccione dos segundos mas tarde y una de ellas se tropezó, lo hice sin querer, pero ella se puso colo una loca, que si voy a matar a alguien algun dia, que que poca verguenza que tengo, que si soy un imbecil, yo hice caso omiso a lo que me decia, solo podia fijarme en esos preciosos ojos verdes, en su coleta perfectamente hecha, su aroma embriagador, acabó dandome un tortazo que me dió la vuelta a la cabeza. Me setí raro, como si no me importara que me diera ese tortazo que me dejo la mano marcada dos dias. Entonces fueron mis amigos lo que me sacaron del sock -¡Tio! ¿estas bien? Menuda hostia te ha dado- yo le respondí -Si, estoy bien- -Tio, te la has comido enterita, pense que te iva a denunciar por acoso ¡Ja, ja, ja!- volvimos a casa hablando del extraño suceso. Una vez nos hubimos despedido y cada uno se habia ido me quedé en mi habitación pensando <<¿Como se llamara?¿Donde vive?¿Donde estudia?>> no me la conseguia quitar de la cabeza, queria saber quien era, y no sabia como.
Paseaba el día uno de enero del setenta y cuatro por la calle de Gran Vía, para conocer la zona mas que nada, cuando vi que un restaurante destacaba entre el resto. En el cartel ponía "Figaro's", parecía un restaurante italiano. Me asomé entre los carteles del menú, era precioso, tanta luz, tanta comida, tenia unas ganas increíbles de pasar a verlo por dentro, por aquel entonces yo no tenia mas que diez años, y le dije a mi madre -Mama, ¿Un día podemos cenar aquí?- a lo que ella me respondió -No, porque... ahí solo va la gente importante- entonces saque mis armas de niño pequeño y la pregunte -¿Y papa no es importante?- -¡Ja, ja, ja! Pero no tanto como esos señores, papa tiene una tienda y esos hombres tienen "tiendas" muy grandes- -¡Haaaa! y ¿donde vamos a cenar?- -A el restaurante de tío Mario- me quedé con las ganas de ver como era así que pensé <<Un día cenaré ahí>>. Cada día que iba al colegio pasaba por delante del restaurante, y todos, absolutamente todos los días me paraba a mirar el interior. No falté a mi cita diaria hasta el día en el que cumplí los catorce años. Jamas olvidaré ese día. Iba paseando con mis amigos una tarde por Gran Vía cuando nos paramos delate de Figaro's, fué cuando fuí a mirar entre los carteles del menú como hacia siempre cuando me dí cuenta de que en vez de eso había un cartel de "Se Vende". Toda mi vida queriendo ver como era por dentro y resulta que lo cierran. En ese momento me sentí vacío, sin ganas de seguir en la calle. Así que nos fuimos a casa a ver la tele. De camino de vuelta nos encontramos un grupo de chicas, por entonces yo me dejaba llebar por la moda de bequeros, camiseta blanca y chaqueta de imitacion a cuero, ellas ivan vetsidas con un vestido corto, de dibujos de flores amarillas sobre un fondo blanco y un lazo a juego en el pelo. Mis amigos se apartaron a un lado para dejarlas pasar, yo reaccione dos segundos mas tarde y una de ellas se tropezó, lo hice sin querer, pero ella se puso colo una loca, que si voy a matar a alguien algun dia, que que poca verguenza que tengo, que si soy un imbecil, yo hice caso omiso a lo que me decia, solo podia fijarme en esos preciosos ojos verdes, en su coleta perfectamente hecha, su aroma embriagador, acabó dandome un tortazo que me dió la vuelta a la cabeza. Me setí raro, como si no me importara que me diera ese tortazo que me dejo la mano marcada dos dias. Entonces fueron mis amigos lo que me sacaron del sock -¡Tio! ¿estas bien? Menuda hostia te ha dado- yo le respondí -Si, estoy bien- -Tio, te la has comido enterita, pense que te iva a denunciar por acoso ¡Ja, ja, ja!- volvimos a casa hablando del extraño suceso. Una vez nos hubimos despedido y cada uno se habia ido me quedé en mi habitación pensando <<¿Como se llamara?¿Donde vive?¿Donde estudia?>> no me la conseguia quitar de la cabeza, queria saber quien era, y no sabia como.
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